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| Foto: Marca |
Esta generación es, casi con seguridad, la que vengó a las que vinieron entre el título de 1987, y su peor ubicación histórica, el quinto puesto en 2007, en donde nunca pudieron ser campeones. De hecho, varios de sus jugadores formaron parte de este último equipo, quienes, tras ellos, lograron cincoTri Nations/Rugby Championships, más el Mundial de hace cuatro años. Y hoy, uno de ellos, en su despedida del rugby internacional, tuvo una de las mejores performances de su carrera: Dan Carter.
Era también, en un punto, una revancha para el apertura. Porque a pesar de formar parte del equipo campeón hace 4 años en sus pagos, se perdió la recta final por lesión. De hecho, quien jugó la parte más importante de final ante Francia fue Stephen Donald, jugador que, cuando fue el debut contra Tonga, estaba pescando en sus vacaciones. No era, o bien no se sentía, "campeón del todo".
Pero hoy fue responsable de desnivelar el partido a favor de los suyos. Y lo hizo con el arma que más le duele a los australianos tras el "Telstrazo" de los ingleses 12 años atrás: un drop. Antes de esa bisagra, los neozelandeses tuvieron un arranque demoledor, El hombre de Crusaders había anotado tres penales, mientras que Nehe Milner-Skudder anotó un try, convertido por Carte. Por su parte, Bernard Foley anotó los únicos 3 puntos de Australia para el 16-3 parcial.
El olor a partido liquidado se empezó a sentir con el try de otro que se iba, Ma'a Nonu. Pero apareció uno de los momentos claves de este partido: la amarilla al fullback Ben Smith. Allí, los dirigidos por Michael Cheika sintieron que ese era el momento de apretar el acelerador. Y vaya si lo hicieron, con tries de David "Mr. Breakdown" Pocock y de Tevita Kuridrani. Los Wallabies se pusieron a 4 con esos tries en "powerplay". Y allí apareció Dan...
Como si fuese el Johann Cruyff de aquella "Naranja Mecánica", Carter se puso el equipo al hombro. Primero, con el ya citado drop. Y luego, con un penal desde la mitad de cancha. Estaban a 10 puntos. Y faltaba cada vez menos para que la racha de 18 partidos mundialistas ganados en tierras británicas llegase a su fin (y continúe, como contrapartida, la maldición del Tri Nations/Rugby Championship, ya que ningún campeón de este certamen repitiese eso a nivel mundial en el mismo año).
El tiro de gracia surgió con uno de los intentos de Australia de conseguir un milagro. Pierden la posesión, Ben Smith tira un rastrón, el ingresado Beauden Barrett continúa con el juego con el pie, y el pique le cae justo en sus manos. Era él y el ingoal. Era él y la gloria. Y efectivamente así fue. Para que estallase un Twickenham que por primera vez en la historia hinchaba por los All Blacks, sin ningún "Swing low, sweet chariot" durante el haka (¿cuánto habrá influído el hecho de que los australianos se cargasen a Inglaterra, Gales y Escocia -si hubiésemos perdido contra los irlandeses, incluso estaba la posibilidad de lograr un Gran Slam, es decir, vencer a los cuatro seleccionados británicos-?). Para que estallasen los desvelados habitantes de la tierra del helecho plateado.
Y ahí estaba él, Richie McCaw, el líder de este equipo, despidiéndose de la casaca negra. Pensar que hace un mes y medio era abucheado por aquella vez que puso el pie con Los Pumas en Twickenham. Hoy era ovacionado en el Cabbages Patch. Y se convirtió en el primer capitán en levantar en dos ocasiones (y encima consecutivas) aquel trofeo William Webb Ellis. El inventor se encontró con el reinventor (o mejor dicho, con su cara más visible). Como la Naranja Mecánica, los All Blacks revolucionaron un deporte. Y encima, este gran nivel en todas sus líneas trajo sus dividendos. Por ese motivo, y a contramano de la famosa serie, "Black is the new Orange". El Negro es el nuevo Naranja.


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